El asesinato o desaparición de un periodista no sólo conlleva el dolor por la pérdida, sino también un efecto emocional y económico, que en este último aspecto, la mayor parte de las veces también es irremplazable.
Las familias pierden el principal sustento económico, y deben empezar de cero a reordenar sus vidas. Deben hacer trámites costosos y por largo tiempo para obtener una pensión o un apoyo financiero.
Peor es la situación en los casos de desapariciones, donde el trámite para obtener recursos que el Estado está obligado a otorgar se demoran más de 5 años, porque no hay un papel que legalmente avale una posible muerte.
Además de esto, está el reclamo de justicia que no se puede cumplir porque tampoco las familias están en condiciones económicas de seguir los procesos de investigación y aplicación de la justicia.
En el siguiente video, realizado por este proyecto de Geografía de Riesgos, se muestra ese mundo inacabable de frustraciones.
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